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¿Qué discursos elegimos?

 OPINIÓN

Algunos movimientos sociales terminadas en "ismo" parecen tener muy buenas intenciones y, sin embargo, ocurre en ocasiones que al final el mensaje está vacío de contenido. Mucho significante, muy poco significado o, peor aún, significante que pierde su significado original y pasa a transmitir un mensaje erróneo sobre lo que ese vocablo significa. Eso sí, estos movimientos parecen tener cierta superioridad moral respecto a quienes no están de acuerdo con el uso y mensaje que predican. Piden respeto hacia sí mismos, pero no respetan que se piense diferente o no se comparta su visión.

Otros discursos y narrativas que se hacen virales son fácilmente calificables como bulos, lo difícil es desentrañar aquellos que parecen científicamente comprobados y cuyas fuentes dicen ser fiables y con altos conocimientos en "..."
Resulta paradójico, esas mismas narrativas pueden incluso hacer gala de que lo importante son las emociones y la motivación frente a lo académico, pero luego son los primeros y primeras que mencionan todos sus estudios, másteres incluidos, antes de comenzar a vender su discurso. 

¿Cómo utilizamos las palabras entonces?

El lenguaje. La lengua. Ese conjunto de códigos lingüísticos convencionales o consensuados por una comunidad lingüística concreta en un momento dado de la historia que se transforma. Cambia. Y sigue siendo una herramienta que ha hecho evolucionar e involucionar a las sociedades y a la humanidad en su conjunto. Decía el lingüista Amado Alonso (1896-1952): "Una lengua ha sido lo que sus hablantes hicieron de ella, es lo que están haciendo, será lo que hagan de ella".

¿Qué estamos haciendo los hablantes con ella y con los discursos?. Los que nos dieron, los que lanzamos. Los que creímos, los que no contamos...

Los que nos llegaron...

Recordando uno de esos discursos que "llegan", en una ocasión, un médico y divulgador contaba que en su profesión la parte emocional era importante (mejor un/a médico/a amable y empático/a), pero los conocimientos también: "No hay nada peor que un tonto motivado", argumentaba. Y aludía a un supuesto: si una vida estuviese en peligro y hubiese dos cirujanos/as que operasen para salvarla, uno muy motivado pero con menos conocimientos/destreza y otro muy poco motivado y amable (que no agresivo e irrespetuoso) pero muy bien preparado y muy ducho en su materia.

¿A quién elegiría para salvarle?

¿El acierto o el error estaría en el discurso elegido?

Lo más importante en este supuesto es elegir salvar la vida, no el discurso.