Narrativa/ficción
Él...
A decir verdad, al mismo tiempo que siento la necesidad urgente de darme un respiro, me siento melancólico. Van a ser las primeras vacaciones que hago como soltero de nuevo, pues recuerdo perfectamente que fue poco antes de mi ruptura cuando emprendí el negocio. De hecho, lo vi como una vía de escape. Diez años de relación con una persona excelente, buena, pero nos faltaba esa chispa que mantiene viva la pasión. Aún seguimos siendo amigos y me pregunto si confundimos amistad con amor de pareja que, aunque lo primero está en lo segundo, no siempre lo segundo corresponde a lo primero. Pero nos acostumbramos el uno al otro, nos contábamos todas nuestras confidencias, nos entendíamos, escuchábamos y apoyábamos. Hacíamos una buena pareja. Hasta que hablamos de tener hijos. Lo cierto es que las relaciones no eran muy frecuentes, pero nuestra amistad estaba por encima de eso. Y ese día que hablamos de tener niños/as algo cambió. Falló el deseo. Un deseo que en realidad nunca estuvo del todo y, ahora, era necesario para afianzar nuestra relación y dar un paso más allá. Llegados a este punto, nos dimos un tiempo de reflexión y los dos coincidimos en lo mismo: nos queríamos, mucho, muchísimo, pero como amigos, no como dos amantes que quieren tener hijos/as y pasar su vida juntos el resto de su vida. Intentamos incluso proponernos ir a terapia de pareja y analizar si había algún problema relacionado con la función sexual por parte de alguno de los dos, pero en el fondo, sabíamos que no estábamos enamorados. Amor sin pasión, en resumidas cuentas.
Y después de hacer un repaso de la mano de la melancolía por mi antes de la empresa durante unos minutos de introspección, aquí estoy otra vez pensando en qué haré con mis vacaciones. Mis amigos de toda la vida ya se han casado la mayoría y tenido hijos y la verdad, en el trabajo tampoco he hecho muchos compañeros, pues esto de ser autónomo y trabajar en internet te ofrece pocas posibilidades de socialización. Es cierto que he conocido a nuevas personas, tengo puntos de venta en casi todas las comunidades autónomas, algo que me ha costado mucho esfuerzo y buenas dosis de don de gentes, pero no he conocido a nadie especial. Aunque pensándolo mejor, en realidad, estoy bien en mi soledad. Y de momento, tengo que pensar en mis vacaciones. Quince días. Ni uno más, ni uno menos. A la vuelta pilas cargadas y espero haber encontrado una solución al problema. Ánimo, tú puedes, me repito como si de un mantra se tratase.
Ella...
Tuve claro el destino desde el principio. Tenía muchas ganas de ir a las islas, había ido un par de veces, una con mi hermana y otra con mi antiguo novio y me habían encantado. Aunque de pronto me sobrevino el amargo recuerdo, no del lugar, que es precioso, sino de la circunstancia que hizo que a la vuelta nuestra relación se rompiera. Llevaba tiempo algo distante, pero supuse que estaba cansado con tanto trabajo, si bien es cierto que a veces llegaba más tarde de la cuenta y parecía que me estaba dando excusas. Pero yo le creía, le creía siempre. Una relación a fin de cuentas, se basa en la confianza. Nos fuimos de vacaciones. Creí que ese iba a ser un momento para consolidar nuestro vínculo, pasar mucho más tiempo juntos del que podíamos cuando estábamos cada uno con su rutina… Pero no. En el hotel había una recepcionista que le sonrió mucho cuando llegamos. Ese no hubiese sido el problema si no fuera porque él empezó a querer comunicar muchas cosas a recepción, bueno, concretamente, a esta recepcionista: que si el aire acondicionado no está bien, que si a qué hora se puede entrar en la piscina, que si dónde están los baños en la planta baja, que si esto, que si lo otro…
No me me considero una persona celosa, pero lo noté con mucho afán por volver a verla y realizar multitud de consultas, algunas superfluas, durante nuestras supuestas vacaciones de pareja. Entraron así poco a poco en un espacio de flirteo que estaba lejos de la lealtad y fidelidad que yo merecía. Lo sé porque al final terminó pidiéndole el teléfono personal para una mejor atención al cliente... Así que en vez de ser unas vacaciones románticas, para descansar y reponer fuerzas, fueron unas vacaciones para acabar en discusión y terminando una relación. En fin, he hecho todo lo posible por perdonar, por no guardar rencor, por seguir adelante con mi vida. Y también por evitar que ese recuerdo me impida volver a un sitio que me parece fascinante por su clima, sus playas, sus hoteles, su ambiente en general. A pesar de mis esfuerzos, en el fondo no he logrado perdonar del todo, hacerlo sería ir en contra de mí misma y de mis sentimientos. Tal vez más adelante estos cambien, no lo sé, pero hasta el momento no quiero perdonar un engaño y tampoco sé por qué el perdón tiene que estar situado en un rango de superioridad moral. No estuvo bien por su parte, eso es todo. Cada uno por su camino y solucionado.
Recuerdos aparte, en una semana pude planificar el viaje: quince días serían más que suficientes para olvidarme de la jefa amargada que tengo y despreocuparme también un poco por el qué pasará con el currículum nuevo que he echado, si tendré o no respuesta, si me cambiaré o no finalmente de trabajo. Todo se verá. Por el momento toca hacer la maleta, despedirme de mi hermana y voilà!
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