ARTÍCULO
Six seven, algo que según noticia de El País (4/11/25) "Qué significa 6-7 o six seven que dicen tus hijos, si es que significa algo", denota un meme que está en boca de muchos y muchas adolescentes sin saber siquiera qué significa. Puede que su origen venga desde una canción de un rapero estadounidense (cuya letra dista de ser muy educativa y tampoco tiene el deber de serlo, es cierto) hasta el nombre de una bebida, pasando por un vídeo viral de un jugador de baloncesto.
En cierta medida tiene carácter anecdótico, pero si una palabra se aprende sin saber el significado y se usa indiscriminadamente por un alumnado en líneas generales cada vez menos preparado y autónomo, puede ser consecuencia de lo que el propio sistema está promoviendo: mucha emoción, poca razón y por supuesto, poco conocimiento y comprensión.
Y esto no es algo nuevo, ya hace un tiempo que muchas personas del sector educativo lo han recalcado: cada año, de forma generalizada, se observa que se aprueba con menor nivel de conocimientos. Y esto afecta desde las etapas más básicas hasta las universitarias, donde profesores de Psicología de la Universidad de Oviedo como José Errasti y Marino Pérez indican en su libro Nadie nace en un cuerpo equivocado (2022) que "las nuevas formas de censura democrática incluyen el lenguaje políticamente correcto y la infantilización de la universidad como espacio seguro" (pág.16). Tal infantilización (y por qué no decirlo, sobreprotección) se puso en evidencia no hace mucho en la propia Universidad de Oviedo, donde se ha tenido que prohibir a los padres y madres reclamar exámenes (como si sus hijos/as no fueran mayores de edad y capaces de ello). La noticia se puede leer en el El Comercio bajo suscripción (29/10/25).
Otros autores, como los profesores de Filosofía de secundaria Olga García y Enrique Galindo en el libro Aprendizaje Basado en Proyectos. Un aprendizaje basura para el proletariado (2023), critican la falta de una escuela poderosa basada en el conocimiento que degenera en una formación precaria (p.9). Y es que el propio ambiente educativo, algunos medios de comunicación, instituciones y personas, han puesto tanto el foco en las competencias y en las destrezas que se han olvidado de los saberes. A pesar de que la última ley española de educación, la LOMLOE, hable de saberes básicos como uno de los elementos curriculares, en vez de de contenidos, como se venía haciendo previamente, no implica que lo que se contemple como tal tenga en sí mismo mucha sabiduría. Que en Matemáticas en el Real Decreto de Primaria aparezca un bloque de saberes básicos (el F) titulado "sentido socioafectivo" ilustra hasta dónde hemos llegado. ¿Para qué aprender de memoria las tablas de multiplicar una vez que se han comprendido de dónde salen si memorizar es aburrido? Mejor no aprenderlas, pero no será ese un contenido o conocimiento importante para aprobar. Como dicen los mismos autores que hablan de la infantilización de la universidad, "los gustos han sustituido a los valores". Y además, "la felicidad deja de ser el efecto secundario de una vida sabia y virtuosa para pasar a ser un objetivo en sí mismo, una meta directa" (p.74).
Los docentes lo pueden escuchar de forma natural: no aprende porque no está motivado, no le gusta, es aburrido... Como si el hábito de esfuerzo y estudio se consiguiese solo a base de "gusto" y placer. Narcisismo y hedonismo. Muy en línea con la confusión generada en torno a que el aprendizaje ha de partir del interés del alumno/a (a su vez relacionado con la visión del paidocentrismo, el niño/a en el centro de la educación). Si se trata de la etapa de infantil, es obvio que será mejor conocer qué es una vivienda partiendo de su barrio que de la ciudad a la que no ha ido en sus tres años de vida, pero eso no es lo mismo que decir que solo tiene que aprender aquello que le interesa. ¿Se imaginan a su hijo/a dándole solo lo que quieren comer? ¿O jugando con las pantallas el tiempo que le apetece jugar? Por favor, decir que un cerebro sin madurez y muy supeditado a la parte más emocional e impulsiva ha de guiar la educación es saber bastante poco de lo que esta palabra significa.
Y aquí surge otra cuestión: la de las metodologías que vienen a ser la renovación y modernización más innovadora que haya habido jamás. Como la del aprendizaje basado en proyectos (ABP), una metodología que a pesar de parecer ser la estrella del momento, su origen se remonta a muchos años atrás. Olga García y Enrique Galindo realizan una revisión de su origen (que no parece estar claro, aunque sí relacionado con un carácter técnico y productivo) en el libro citado y exponen que se ha implantado de manera acrítica y masiva, una imposición institucional "cuya eficacia de mejora del aprendizaje es más que dudosa". Y es que no, no es lo mismo que un universitario realice un proyecto o investigación en su trabajo fin de grado (TFG) que un alumno de primaria investigue en internet un proyecto cuando no diferencia fuente de buscador o información de contenido promocional o publicitario. Y menos aún cuando el supuesto ABP colapsa el aprendizaje de las Matemáticas y de la Lengua, como si fuese incompatible trabajar un tema de interés con tener unos conocimientos matemáticos y lingüísticos apropiados que, paradójicamente, son indispensables para trabajar cualquier proyecto que se precie. Eso por no hablar de las metodologías que defienden que el niño/a aprenda en la escuela libremente, sin intervención alguna nunca. Si la pedagoga y filósofa italiana María Montessori (Italia: 1870-Países Bajos: 1952) pudiera ver lo que se está vendiendo bajo su nombre, puede que quedara más que decepcionada por haberse inventado tanta metodología que poco o nada tiene que ver con el contexto y con lo que ella hacía...
Por su parte, el filósofo y pedagogo español Gregorio Luri, autor de varios libros, el más reciente titulado La dignidad del mediocre (2025), en su obra La escuela no es un parque de atracciones. Una defensa del conocimiento poderoso (2020) recoge que vivimos "tiempos pedagógicamente extraños y en ocasiones, estrictamente estúpidos", donde el énfasis por la diversión y la felicidad se ha convertido en un objetivo, muy en línea con lo citado por los docentes que se mencionaban previamente. Mientras tanto, se difunden las creencias de que enseñar lo que no tiene utilidad es un atraso, dice, los deberes "penalizan a los pobres", "los exámenes denigran" y por supuesto, hay que huir de todo lo que suene a tradicional. Esto me recuerda a la propaganda reformista de la leyenda negra que exponía la filóloga Elvira Roca: lo anterior no vale, es atrasado, lo moderno y bueno lo que proponemos como nuevo. Por el contrario, Luri reivindica volver a recordar el objetivo fundamental: el conocimiento como el eje valioso soportado por evidencias, aceptando al alumnado por quien es, pero exigiéndole lo que puede llegar a ser.
Y esto a su vez está en relación con otra cuestión: el sobrediagnóstico. Este ha tomado un carácter muy llamativo. Cada vez hay más etiquetas y diagnósticos educativos en niños y niñas que están dentro de parámetros de desarrollo normales (aunque esta palabra dentro de la censura citada al comienzo parece que ya es políticamente incorrecta usarla). Se han perdido totalmente el foco y el rumbo. Se necesita una profunda reflexión, donde innovación y tradición se den la mano, porque la calidad educativa sin conocimiento y el aprobado de la ignorancia está condenada al fracaso, a la falta de oportunidades, a la infantilización, al aumento de las desigualdades-aunque aparentemente se venda que si un alumno/a no aprueba, quepa la posibilidad de que sea el profesor/a el que está generando desigualdad y no teniendo en cuenta sus dificultades...-. Y además, a la pérdida del desarrollo de la responsabilidad y la libertad propias de una sociedad enmarcada en un sistema democrático. Y sí, como consecuencia última, a una sociedad profundamente infeliz.
"Una mentira puede dar la vuelta al mundo antes de que la verdad pueda ponerse las botas"
(Olga García y Enrique Galindo, profesores de Filosofía en Aprendizaje Basado en Proyectos, Un aprendizaje basura para el proletariado, 2023)