HABLAMOS CON EL DR. CARLOS CENALMOR DEL BURNOUT, UNA PANDEMIA SILENCIOSA QUE MERMA LA SALUD Y LA CALIDAD DE VIDA. LA BUENA NOTICIA QUE NOS TRAE ES QUE HAY SALIDA
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| Fotografías cortesía del entrevistado |
Carlos Cenalmor es médico, psiquiatra y psicoterapeuta, especialista en burnout, el síndrome del trabajador/a quemado/a o del desgaste profesional.
A lo largo de su carrera profesional, ha trabajado en la sanidad pública en Madrid. Posteriormente, decidió dejarla y emprender, abriendo su propia consulta. Tras experimentar dos crisis de burnout que le hicieron replantearse muchas cosas-entre ellas, dejar la gran ciudad e irse a vivir cerca de los Pirineos-, ha escrito un libro donde aborda en profundidad el tema, El síndrome de burnout (Vergara, 2025). También ha desarrollado un programa online denominado CIMA, donde ayuda a personas a salir de este exceso de estrés. Además, envía de manera gratuita-para las personas que se suscriban a su newsletter-, un correo diario con reflexiones y pautas que puedan ayudar a superar este problema y a vivir con más calma y conexión con la vida. También facilita, en su propia página web mediante suscripción (gratuita), un test sobre el burnout.
De esta manera, este profesional de la salud, invita a las personas a volver a reconectar consigo mismos/as, con las verdaderas necesidades, al mismo tiempo que incita a reflexionar sobre todo lo que ha llevado a una persona a una situación de estrés crónico del que a veces es difícil salir, teniendo en cuenta las causas externas e internas, "las dos caras de una misma moneda", explica. Con una visión humanista y un enfoque integral donde cuerpo, mente y espíritu forman un tándem indivisible, nos habla de cerca en esta conversación de este problema que afecta a mucha gente y para el que existe solución.
Tanto en su libro, en su newsletter como en sus redes sociales, nos cuenta cómo el estrés laboral causa estragos: problemas digestivos, parálisis o pérdida de insensibilidad sin causa aparente, pérdida de líquido cefalorraquídeo por la nariz (rinolicuorrea), pero también infartos y muertes. En base a diferentes fuentes, concluye que ya hay más de un millón de fallecimientos anuales a nivel mundial. ¿Destacaría alguna medida estructural prioritaria y urgente para la prevención de este problema de salud pública y global?
Primeramente, respecto a las cifras de muertes, probablemente se queda corto ese millón. Esa cifra viene un poco de que hay un estudio de 2024 que habla de que 950.000 muertes producidas por infartos de corazón y de cerebro al año se deben al estrés laboral. Pero solo cuenta ese tipo de muertes y el estrés laboral produce muchas otras cosas que estarán matando gente también, por lo que probablemente es una cifra que será el doble o el triple, lo que pasa es que no está bien estudiado.
La medida prioritaria para mí sería empezar por desnormalizar el problema, visibilizarlo, señalarlo. Pasaría así por explicar que produce muertes y pérdida de calidad de vida, de modo que se conciencie la gente que es una causa de enfermedad y de muerte, que no se normalice y se acepte que estar estresado es lo normal. Visibilización y concienciación del problema creo que es el primer paso.
En la guía laboral elaborada por el Ministerio de Trabajo y Economía Social y el Ministerio de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones, se recoge que “la duración máxima de la jornada ordinaria de trabajo será de cuarenta horas semanales y que cuando la duración de la jornada diaria continuada exceda de seis horas, deberá establecerse un período de descanso durante la misma de duración no inferior a quince minutos”: ¿Qué opinión le merece la duración de la jornada y los descansos en relación a la salud laboral y también a la necesidad actual de conciliación familiar?
La jornada laboral de 40 h, desde mi punto de vista como psiquiatra y experto en este tema, por supuesto que me parece excesiva. Creo que una jornada laboral realmente compatible con una vida saludable y que cubra las necesidades que tenemos los humanos debería ser de unas cuatro horas, es así. ¿Que no se puede porque hay cuestiones socioeconómicas? Bueno, yo digo lo que considero biológicamente y médicamente.
Luego, el descanso de quince minutos en una jornada de seis horas es poquísimo, aunque también depende del tipo de trabajo que se haga porque hay algunos que no son tan agotadores. Pero para trabajos que requieren concentración, estar con un ordenador, atención a personas, que desgastan mentalmente o físicamente es absurdo quince minutos en seis horas. Lo que la ciencia ha demostrado es que un descanso correcto sería unos cinco o diez minutos cada hora para el buen funcionamiento del cerebro, de la capacidad de atención y de concentración. Esto es un poco lo que yo opino en base a lo que se sabe del tema.
Habla de pandemia silenciosa: ¿Por qué cree que no se le ha dado hasta el momento la visibilidad necesaria a este problema?
Hay muchas cuestiones aquí, por supuesto asuntos de interés económico, al final la productividad es fundamental para que un país se mantenga económicamente o una empresa. Lo que ha pasado es que esto muchas veces se trabaja de forma muy ineficiente, porque la idea es que la gente “esté calentando la silla”, pero hay mucha ineficiencia. Eso agota más, no mejora la productividad y desgasta más y genera más estrés.
También creo que hay factores culturales, la cultura del esfuerzo es una cultura que se nos ha enseñado y que cuanto más te esfuerces más valioso eres. Esto viene de un período de posguerra y de carencia, en el que el esfuerzo estaba asociado a la supervivencia y así se ha transmitido a lo largo de las generaciones. Pero eso es una verdad a medias, ya que el exceso de esfuerzo también te puede matar y quitar la salud, que es lo que es el burnout.
Además, hay un elemento muy cultural de la no valoración de las emociones, al final, el burnout está asociado a sentir emociones como la tristeza, la apatía, el apagamiento de la energía y esto se asocia a ser una persona que vale poco, más que ser una persona que está sufriendo un problema. Entonces claro, no se puede visibilizar como algo natural que si te pasas de trabajo te agotas y te quedas desconectado, emocionalmente mal. Porque todo lo que tiene que ver con el mundo emocional, esto viene ya desde la filosofía clásica, está como infravalorada la emoción, considerada como algo negativo. Entonces bueno, hay muchos elementos que vienen de esta cultura del trabajo, también de la cultura del trabajo protestante de los s. XVIII y XIX que al final llegan hasta nuestros días y endiosan el trabajo y el esfuerzo, echan la mirada a un lado ante la posibilidad del agotamiento y de la enfermedad por esta causa.
Explica además que la definición de este síndrome que se recoge en la Clasificación Internacional de Enfermedades (CIE-11) de la OMS es, en cierta medida, un poco peligrosa, ya que pone el foco solamente en la gestión que pueda hacer la persona del estrés: ¿Cuál sería la definición que usted propondría sobre el síndrome del trabajador/a quemado/a?
En primer lugar, un dato importante sobre lo que yo propondría como definición del síndrome del trabajador/a quemado/a es que creo que no es solo algo del trabajo. El burnout afecta a las personas cuando acumulan demasiado estrés proveniente de cualquier ámbito de la vida. A veces el burnout viene por sobrecarga de cuidados de familiares, por las responsabilidades de la crianza, por la emigración, por ejemplo. Estreses constantes y acumulativos, en general, por tareas y situaciones que acaban llevando a que la persona se agote y se desconecte emocionalmente.
Entiendo que la OMS se centre en el trabajo porque es un mundo complicado de ponerle puertas. En esta definición yo diría que habría que señalar que son las consecuencias del exceso del estrés laboral que provienen de factores externos a la persona como puede ser su entorno laboral, el propio entorno sociocultural, económico, el maltrato o abuso que le hagan otras personas; y también provienen de su gestión interna: de sus rasgos de personalidad, de su dificultad para tener herramientas de planificación y gestión del tiempo, por sus propias dificultades de gestión emocional. En fin, es todo el mundo de lo psicológico que por supuesto afecta al burnout. Y visibilizar esas dos caras de la moneda para responsabilizar a las dos partes creo que sería muy importante.
También expone que el mindfulness y la meditación pueden no lograr beneficio alguno: ¿Se han endiosado estas herramientas en detrimento de un enfoque más integral? ¿En ocasiones podrían generar perjuicios?
Sí, por supuesto, el mindfulness está totalmente endiosado. Esto tiene que ver porque apareció en un momento en el que se puso de moda el budismo y la conexión con oriente-que me parece fabuloso-, pero justo pilló esa ola, se convirtió en una herramienta con ese toque budista y a la vez científico, entonces claro son dos modas muy poderosas en una. Y efectivamente demostró capacidad para reducir los niveles de estrés en la persona, es una intervención que sí tiene esa capacidad, pero es una capacidad cuantitativamente muy limitada. Te puede reducir un poco el estrés en un momento dado, pero ese estrés va a volver cuando vuelvan los problemas, si tú no has desarrollado herramientas de gestión del estrés psicológicas mucho más profundas, si no has hecho cambios en tu personalidad o capacidad de poner límites y defender lo tuyo en el trabajo, el mindfulness no te lo va a solucionar.
Lo que pasa también es que es una herramienta muy atractiva desde el punto de vista empresarial. Trabajas dieciséis horas al día, pero luego meditas veinte minutos y estás como una rosa para seguir produciendo y rindiendo, entonces a nuestra cultura de la productividad le encaja perfectamente.
En cuanto a si el mindfulness puede perjudicar, sí que es verdad que no todo el mundo lo puede hacer. En personas, por ejemplo, que estén sufriendo ansiedad o estrés postraumático pueden empeorar los síntomas y por eso mucha gente dice que no puede hacer mindfulness. No pueden porque esto les lleva a concentrarse más en sus problemas y por lo tanto les puede generar ansiedad. Eso por un lado, aunque yo creo que el problema es más bien dejar de visibilizar la profundidad real del problema y venderlo como herramienta para todo cuando no lo es.
Aunque cada caso es único, si una persona es consciente de que está pasando por este síndrome del trabajador/a quemado, ¿qué es lo primero que le recomendaría hacer?
Hay varias cosas, pero quizá lo primero que recomendaría hacer a alguien que lo esté sufriendo sería bajar el ritmo, porque al final el burnout es la enfermedad de un ritmo excesivo, del estrés crónico y lo que hay que hacer es bajar ese ritmo y reducir ese estrés. Obviamente no es tan sencillo, hay personas que para poder bajar el ritmo necesitan hacer bastantes cosas antes, a nivel psicológico interno y también a nivel externo, pero bueno eso sería la recomendación principal. Y empezar a mirarse por dentro a ver qué es lo que dentro de uno le está llevando a llevar ese ritmo tan elevado y a estar estresado todo el rato y no poder detenerse nunca.
Usted también ha vivido lo que significa estar quemado, al comienzo en la sanidad pública, donde ha experimentado de primera mano las guardias de 24 h: ¿Cómo ve la sanidad pública española en estos momentos y qué cree que debería de implementarse para prevenir el síndrome del burnout en estos profesionales?
Ahora mismo la sanidad pública está en uno de los peores momentos probablemente de los últimos cincuenta años, sobre todo hablando para los médicos, aunque creo que para todos, las condiciones laborales, salariales, son las más precarias de la historia. No digo que esto no esté sucediendo en otros ambientes laborales, pero en lo que concierne a la sanidad pública es así, faltan profesionales por todos los lados, se ha reducido muchísimo en el fondo la inversión real en la sanidad y en la atención al paciente en los últimos años.
Yo creo que hay una voluntad política de desmantelar la sanidad pública, que se quede un poco como algo para la caridad, para las personas que no puedan pagarse la sanidad privada. Esto en cualquier partido y en cualquier dirección porque está pasando en todos los lados bajo cualquier signo político. Entonces creo que hay que hacer una lucha social para visibilizar esto. No es una cuestión de los sanitarios, es una cuestión de toda la población que se tiene que unir para que no se desmantele la sanidad pública.
Y luego a nivel de las condiciones laborales de los médicos, básicamente hay que eliminar las guardias de 24 h, tienen que tener jornadas como el resto de trabajadores, con su jornada de 40 h o 37 h y obviamente cualquier tipo de hora extra o complementaria se tiene que pagar más que la hora ordinaria. Ahora las guardias se pagan menos que la hora ordinaria, un cardiocirujano operando a corazón abierto a las cuatro de la mañana está cobrando menos que el compañero suyo que operará fresco a la mañana siguiente en un horario normal, no tiene ningún sentido. Y obviamente ya hay muchos estudios que señalan que esto está afectando al trato que se da al paciente y a problemas de salud y muertes reales que se producen por el agotamiento de los médicos. Luego sin duda hay que ir hacia eso.
Uno de los capítulos de su libro se titula “La sociedad del cansancio”, coincidiendo con el título de uno de los libros del filósofo Byung Chul Han, Premio Princesa de Asturias 2025 de Comunicación y Humanidades: ¿Hay algunos autores más que le inspiraran a la hora de escribir?
Sí, otro autor que me inspira mucho es Erich Fromm, yo creo que es también el que inspiró a Byung Chul Han, aunque él no lo cita mucho, pero hay capítulos y páginas que prácticamente parecen copiados- aunque no lo sé-.
Erich Fromm para mí es un gran referente. Una de sus frases más famosas es que el ser humano moderno cree que está persiguiendo sus sueños o lo que desea cuando realmente no sabe lo que quiere, sino que simplemente está deseando lo que socialmente se supone que debe de ser. Probablemente es su frase más famosa y básicamente es lo que sucede con el burnout, en el interior de la persona hay una lucha, una autoexplotación, una autoesclavización que considera que es lo que debe hacer, qué es lo correcto, y en ese camino se autodestruye porque realmente no nos damos cuenta lo que necesitamos y deseamos para estar bien. Para mí es una gran fuente de inspiración y todas sus obras me parecen maravillosas.
¿Cómo surge la idea de hacer un libro?
Vino un poco al hilo de una propuesta de una editorial realmente y me pareció buena idea. Un camino bonito, de asentar todo lo que tenía en la cabeza y mi trabajo y ponerlo por palabras de una manera divulgativa para que a la gente le resulte atractivo, entretenido y se lleve muchas anécdotas y aprendizajes.
También ha creado un proyecto denominado CIMA: ¿A quién va dirigido especialmente y qué podrán encontrar en él quienes estén interesados/as en hacerlo?
Es un programa de transformación personal en el que uno todo lo que sé como psiquiatra y psicoterapeuta. Añado muchas herramientas e ingredientes de toda mi experiencia en torno al burnout, tanto personal como profesional. El objetivo es que la persona haga con nosotros, con mi equipo y conmigo, un recorrido de unos tres meses en el que le damos un poco la vuelta a toda esa serie de elementos psicológicos que están llevando al estrés en su vida y le damos herramientas también para que pueda cambiar lo externo, lo que le está afectando. La verdad es que ya lo han hecho casi ciento cincuenta personas el programa y es una pasada porque la gente sale muy contenta y nos dicen que realmente es una de las experiencias de transformación personal más potentes que han hecho nunca.
Retomando su experiencia en relación a las crisis del trabajador quemado por las que ha pasado, cuenta cómo ello le ha llevado a realizar enormes cambios en su vida: ¿Qué ha sido lo más difícil y por el contrario, lo mejor que ha podido extraer de estas crisis?
Lo mejor que he extraído de mis crisis es que me han hecho conocerme más a mí mismo y acercarme más a lo que yo soy y necesito. Eso me ha hecho venir a vivir a los Pirineos, cambiar de vida y me ha hecho también crear este proyecto en torno al burnout. Todo eso ha sido muy bueno.
Lo malo es la salud que me quitó. Por ejemplo, lo más grave que tuve fue una hernia lumbar en un momento de crisis de estrés y esa hernia ahí sigue, afortunadamente no me da ningún síntoma, pero bueno, es un daño, “una herida de guerra”. Como le decía a un chico el otro día, la salud que pierdes a lo mejor no la recuperas y hay que tener cuidado.
En sus páginas, también da importancia a encontrar la propia definición de éxito y volver a reconectar con esas sensaciones que teníamos en la infancia cuando los veranos parecían eternos: ¿Qué es el éxito para Carlos Cenalmor y cómo es su verano eterno?
Diría que para mí lo más valioso es el tiempo, obviamente también la salud. Yo estoy organizando mi trabajo ya desde hace tiempo de tal manera que no absorba todo mi tiempo de vida.
Habría más ingredientes como la ilusión, las ganas, por supuesto la salud que decía, la energía, pero bueno, creo que el tiempo es clave para poder vivir con calma y poder disfrutar de lo que hagamos, aunque a lo mejor hagamos menos cosas, pero que esas cosas calen más hondo.
Y para finalizar, aunque destaca el importante papel de la naturaleza, cuando una persona está quemada y sufre los síntomas de este problema, puede ocurrir que ni el paisaje más bonito logre producirle efecto de bienestar alguno, dado el nivel de desconexión que puede haber con la vida: ¿Con qué mensaje le gustaría acabar esta entrevista para devolver un poco de esperanza a quien transite por este problema?
Sobre todo mi mensaje sería que sepa que hay salida de eso, que se puede cambiar porque muchas personas con burnout es como que piensan que ya la vida va a ser siempre así. Incluso algunos porque llevan años así y se olvidan de cómo era vivir de otra manera, de cómo era vivir alegre, con conexión y calma.
He visto cambiar a muchas personas, yo he sido una de esas y todas las personas a las que he ayudado ahora me lo dicen. Por supuesto que el cambio es posible, así que ese sería mi mensaje.




